Del 25 de mayo al 1 de junio hemos recorrido algunos de los rincones más espectaculares del oeste, norte y noreste de Islandia en una intensa ruta fotográfica que nos ha llevado a descubrir paisajes que parecen sacados de otro planeta.
Nuestra aventura comenzó en la península de Snæfellsnes, conocida como la "Islandia en miniatura" por la enorme variedad de escenarios que concentra en pocos kilómetros. Acantilados, playas de arena negra, campos de lava y montañas imposibles fueron los primeros protagonistas de nuestras cámaras. Desde allí continuamos hacia el norte, donde lugares tan emblemáticos como Hvítserkur nos regalaron algunas de las imágenes más impactantes del viaje. Esta singular formación rocosa emergiendo del mar, rodeada por aves marinas y bañada por la luz cambiante del Atlántico Norte, fue uno de esos lugares que nunca se olvidan.
A lo largo de la semana fuimos enlazando cascada tras cascada. Algunas famosas, como la impresionante Goðafoss, y otras mucho menos conocidas pero igualmente fotogénicas, como Hraunfossar, donde cientos de pequeños manantiales parecen brotar directamente de la lava. Cada salto de agua tenía su propia personalidad y nos obligaba a detenernos más tiempo del previsto para buscar el encuadre perfecto.
También hubo tiempo para explorar la intensa actividad geológica que caracteriza a Islandia. Visitamos cráteres volcánicos, extensos campos de lava y zonas donde la fuerza de la naturaleza se muestra en estado puro. Caminar por estos paisajes nos hizo comprender por qué Islandia es uno de los destinos más fascinantes para cualquier amante de la fotografía de naturaleza. Además, a las puertas de junio, una gran nevada nos cogió por sorpresa, y no sólo a nosotros, también a los propios islandeses, que no daban crédito a las bajas temperaturas y meteorología que teníamos esos días de, casi verano, en la isla.
Uno de los momentos más especiales del viaje fue el encuentro con los puffins o frailecillos atlánticos. Pudimos observarlos en acantilados del noreste de la isla, donde estas simpáticas aves comenzaban ya la temporada de cría. Verlos despegar torpemente, aterrizar con sorprendente precisión y posar durante unos segundos frente al objetivo fue una experiencia tan divertida como emocionante.
Pero más allá de las fotografías, este viaje ha sido una colección de momentos inolvidables: carreteras solitarias atravesando paisajes infinitos, cambios de luz constantes, conversaciones compartidas mientras esperábamos el mejor instante para disparar y la sensación permanente de estar explorando uno de los lugares más salvajes y bellos del planeta.
Durante siete días hemos llenado tarjetas de memoria, aprovechado el día al máximo, buscando las mejores luces y disfrutando de cada kilómetro recorrido. Islandia ha vuelto a demostrar por qué es un destino imprescindible para cualquier fotógrafo de paisaje. Nos llevamos miles de imágenes, pero sobre todo recuerdos imborrables de una semana extraordinaria entre cascadas, volcanes, frailecillos y algunos de los paisajes más impresionantes que hemos tenido la suerte de contemplar.
Gracias Luis, Nekane y Pep por hacerlo tan fácil y poner vuestro granito para que todo haya ido perfecto.
¡¡Volveremos en 2027 a realizar esta fantástica ruta por el norte!!
